Cocina el brócoli al vapor. En la misma sartén, saltea dos cucharadas de semillas con ajo picado y una cucharadita de salsa de soja baja en sodio. Mezcla con el brócoli. El calcio de la verdura y el magnesio de la semilla actúan conjuntamente para mejorar la función muscular.
3. Polvo para batidos o caldos.
Muela las semillas crudas hasta obtener un polvo fino. Conserva en un frasco oscuro. Añade una cucharada a batidos de frutas, avena o incluso caldos de verduras. Es una forma invisible de enriquecer la dieta diaria.
Consumir de 20 a 30 gramos al día (unas dos cucharadas).
Preferiblemente crudas o ligeramente tostadas; fritas pierden propiedades.
Remojarlas durante cuatro horas activa sus enzimas y facilita la digestión.
Acompañarlas siempre con actividad física: sin movimiento, la semilla no desarrolla músculo.
No se trata de una semilla milagrosa, sino de un gesto de inteligencia nutricional. Incorporarla a la mesa es comprender que envejecer no es sinónimo de debilitarse, y que la fuerza, a veces, cabe en una cucharada.
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